2 de mayo de 1955 en Brescia

Johnny Rives (*) / Sport Auto – Diciembre 2013

Stirling Moss (Mercedes 300 SLR) pulveriza el record de las Mille Miglia recorriendo los 1.600 km del recorrido Brescia-Roma-Brescia a más de 157 km/h de media.

En una carrera en la que Fangio no destacaba tanto como en la F1 y que jamás había conseguido ganar, Moss tomaba la revancha sobre su compañero argentino en Mercedes... ¡con un periodista como copiloto!
En una carrera en la que Fangio no destacaba tanto como en la F1 y que jamás había conseguido ganar, Moss tomaba la revancha sobre su compañero argentino en Mercedes… ¡con un periodista como copiloto!

A comienzos de los años 50, una de las más famosas carreras automovilísticas, junto con las 500 millas de  Indianápolis y las 24 horas de Le Mans, eran las Mil Millas, «Mille Miglia» en italiano. Se disputaba en la carretera de Brescia a Roma y vuelta, o sea 1.600 kilómetros. El trayecto hacia el sur bordeaba la costa del Adriático por carreteras poco sinuosas hasta Pescara. De allí, se orientaba al oeste hasta Roma atravesando la «Bota», antes de remontar hacia el norte a lo largo de la cadena montañosa de los Apeninos, ascendiendo varios puertos.

 Creada en 1927, disfrutaba de un éxito popular semejante al del Tour de France ciclista, con todos los peligros que ello suponía. Interrumpida durante la Segunda Guerra Mundial, se había reanudado en 1947 siendo coto cerrado de las marcas italianas. Alfa Romeo había ganado el año del reinicio con Clemente Biondetti, Lancia lo había hecho en 1954 con Alberto Ascari y, entre ambos, Ferrari había tallado la parte del león, triunfando sin discontinuidad de 1948 a 1953.

¡500 equipos inscritos!

En 1955, más de 500 equipos estaban inscritos, en su mayoría amateurs. La carrera se anunciaba incierta para la «Scuderia», pues frente a las cinco barquetas oficiales de Maranello propulsadas por los grandes y potentes 6 cilindros, Mercedes alineaba cuatro de sus nuevos 300 SLR. Estos derivaban directamente de los F1 type W196 que habían dominado los grandes premios en 1954, pero con motores más grandes, los que les hacía aún más potentes.

No es un sueño, Mercedes reunía en Brescia el mejor plantel de pilotos de la época (de izquierda de derecha): Hermann Eger (copiloto de Herrmann), Hans Herrmann, Juan Manuel Fangio, Stirling Moss, Karl Kling y Denis Jenkinson (copiloto de Moss).
No es un sueño, Mercedes reunía en Brescia el mejor plantel de pilotos de la época (de izquierda de derecha): Hermann Eger (copiloto de Herrmann), Hans Herrmann, Juan Manuel Fangio, Stirling Moss, Karl Kling y Denis Jenkinson (copiloto de Moss).

Colocados bajo la dirección del incombustible Alfred Neubauer, cuya reputación se remontaba a la gloriosa época de los «titanes» de antes de la guerra, aquellas «flechas de plata» estaban confiadas, presten atención, a Fangio, Kling y Herrmann, el trío de la temporada de grandes premios precedente, a los cuales se sumaba un nuevo fichaje: Stirling Moss.

Con veinticinco años, Moss corría ya desde hacía ocho temporadas. Monoplazas, autos de sport, circuitos de velocidad o resistencia, incluso rallyes, Moss ya contaba con un rico palmarés adornado con setenta victorias. Neubauer se había fijado en él en 1954 cuando al volante de un Maserati 250F había rivalizado en muchas ocasiones con los imbatibles Mercedes F1, por lo que le contrató para 1955. Buena elección: Moss tenía que ser el «alter ego» de su líder, el mismísimo Juan Manuel Fangio.

Cuando desembarcaron los Mercedes en Brescia, Lombardía, para las Mille Miglia el 2 de mayo de 1955, Moss no tenía en su activo más que dos carreras disputadas con la marca alemana en Argentina durante el mes de enero: después de abandonar en el Gran Premio, una semana más tarde, se había clasificado segundo, por detrás de Fangio, en una prueba disputada en el mismo circuito de Buenos Aires.

Un periodista como copiloto de Moss

Stirling Moss pidió al periodista Denis Jenkinson que fuera su copiloto en aquellas Mille Miglia del 55
Stirling Moss pidió al periodista Denis Jenkinson que fuera su copiloto en aquellas Mille Miglia del 55

Mille Miglia, que ya había disputado en una ocasión anterior (en 1953, con un Jaguar C y que terminó en abandono), Moss pidió al periodista Denis Jenkinson que fuera su copiloto. Reconociendo los recorridos, habían tomado las notas que «Jenks» utilizaba en carrera para prevenir con gestos a Moss sobre los lugares peligrosos de los que el recorrido estaba jalonado.

Lanzándose un minuto después de Moss, como lo indicaban sus respectivos números (722 para Moss que salía a las 7h 22′ y 723 para él mismo), la gran esperanza italiana Eugenio Castellotti llegaba a Rávena a 195 km/h de media después de haber conseguido rebasar al Mercedes ante la enorme alegría de los «tifosi» que se aglomeraban a lo largo del recorrido. Aunque Castellotti no llegaría mucho más lejos al sufrir problemas con sus neumáticos y su motor.

El experimentado Piero Taruffi tomaba entonces el relevo en Ferrari. Pasaba en cabeza por Pescara con una ventaja de… ¡¡¡15 escasos segundos!!!

Pero en Roma, mitad de recorrido, y a pesar de haber sido molestado por una multitud de espectadores que a menudo paseaban por la propia carretera, Moss tomaba la delantera con una ventaja de dos minutos sobre Taruffi. Los otros Mercedes pisaban los talones del Ferrari, aunque Fangio no era más que quinto, como consecuencia de sus problemas mecánicos con un inyector defectuoso.

En Viterbo, Taruffi rendía armas cuando la transmisión de su Ferrari cedía, dejando el camino despejado a Stirling Moss.

En la zanja

Imagen realmente impropia, ya que se trataba de atravesar tres puertos de montaña haciendo el recorrido hacia el norte y Florencia, Kling se sale de la carretera en el Radicofani, antes de que Herrmann abandone en la Futa.

Atravesar los Apeninos por las carretera de la época al volante de un potente Mercedes 300 SLR solo estaba al alcance de unos pocos: Moss, Fangio, Herrmann, Kling...
Atravesar los Apeninos por las carretera de la época al volante de un potente Mercedes 300 SLR solo estaba al alcance de unos pocos: Moss, Fangio, Herrmann, Kling…

Incluso el mismo Moss estaba lejos de pasearse. Ya había sufrido una ligera salida de carretera después de Pescara, pero en el Radicofani, sufrió un inoportuno trompo que le llevó hasta una zanja. Con mucha dificultad, tuvo que hacer muchas maniobras antes de conseguir colocar su 300 SLR en el buen sentido y retomar su marcha triunfal hacia Brescia.

El Mercedes nº 722 atravesaba la línea llegada con más de media hora de ventaja sobre Fangio y con tres cuartos de hora sobre el Ferrari de Umberto Maglioli, considerado, tras su victoria en la Panamericana de 1954, como uno de los pilotos de carretera más audaces de la época.

Moss y Jenkinson habían cubierto los 1.600 kilómetros de recorrido a una media de 157,650 km/h. Una hazaña que aún hoy parece sorprendente, más considerando la precariedad de red de carreteras de la época. Esta marca del gran Stirling Moss llegaría a convertirse en el récord absoluto de la prueba, ya que dos años más tarde, a causa del dramático accidente que costó la vida al equipo De Portago – Nelson así como a diez espectadores, la carrera sería definitivamente prohibida.

Alfred Neubauer. "patrón" de Mercedes, posa orgulloso entre los vencedores
Alfred Neubauer. «patrón» de Mercedes, posa orgulloso entre los vencedores

Clasificación final:

  1. Stirling Moss – Denis Jenkinson (Mercedes 300 SLR) / 10h 7′ 48» (157,650 km/h)
  2. Juan Manuel Fangio (Mercedes 300 SLR) / 10h 39′ 33»
  3. Umberto Maglioli – Luciano Monteferrario (Ferrari 118 LM) / 10h 52′ 47».

(*) Johnny Rives trabajó en la rúbrica “auto” de L’Equipe de 1960 a 1996, en Sport-Auto de 1973 a 1980 y en la TF1 (Televisión francesa) de 1993 a 1996.

(Traducción de Santiago Criado)

 

Entrevista con Stirling Moss en: http://www.youtube.com/watch?v=XCsYrQaZXzc

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